
En Panamá, los esfuerzos por filmar imágenes en movimiento con una estructura y coherencia formal se remontan a la década del 40, cuando Carlos Luis Nieto, cinéfilo y exhibidor cinematográfico costarricense, realizó documentales sobre la vida cotidiana veragüense como Elecciones en Santiago y Todos compran billetes y chance, y filmó en 1946 el primer mediometraje de ficción de nuestro país, Al calor de mi bohío, un melodrama que contó con Baby Torrijos como protagonista.
En 1949 estrenó Cuando muere una ilusión, esfuerzo conjunto del director Carlos Ruiz y los hermanos Carlos y Rosendo Ochoa, protagonizada por los mejores actores de la época, como Elda de Icaza y Aldo García.

En medio de las dificultades que para el incipiente cine panameño representaban la competencia de las industrias cinematográficas europea y norteamericana así como la aparición de la televisión, Jorge De Castro dirigió en 1965 Panamá tierra mía, filme turístico, primer largometraje documental producido y exhibido en nuestro país.
En 1972 se funda, gracias a un decidido apoyo estatal, el Grupo Experimental de Cine Universitario, que de inmediato se constituyó en un espacio fundamental para el desarrollo de la urgente labor de producción de documentales vinculados a temas sociales, a la recuperación de la memoria histórica y a los esfuerzos del pueblo panameño por alcanzar la soberanía en todo su territorio.
Lamentablemente, la década de los 80 inició un largo período institucional de desatención a la producción de imágenes propias, que obligó a organizaciones no gubernamentales a retomar el proyecto de promover la cinematografía panameña.
Es así que, en los años 90, el Centro de Imagen y Sonido nace con el propósito de impulsar la difusión de cinematografías desconocidas para el público y la capacitación de profesionales en el sector audiovisual, a la vez que ejerció el papel de productor de cortos y largometrajes.
Desde el año 2000, la Asociación Cultural EnRedArte organiza anualmente el curso de apreciación cinematográfica con el objetivo de formar un público receptivo a temáticas nuevas y enfoques alternativos, sensible a la necesidad de ver reflejada en pantalla la realidad panameña.
En los últimos años, cineastas como Pituka Ortega, Abner Benaim, Enrique Castro y Luis Franco entre otros, han rodado obras documentales y de ficción, obteniendo reconocimientos internacionales y fondos de financiación para futuros proyectos, demostrando que a pesar de las dificultades Panamá tiene una voz propia que puede expresarse y encontrar audiencia en escenarios internacionales.

La aprobación de la Ley Nº 36 de 19 de julio de 2007, que tiene como objetivos fomentar el desarrollo de la industria cinematográfica y audiovisual en el territorio nacional, promover la protección y la conservación del patrimonio audiovisual panameño y estimular la cultura audiovisual en la población, permitirá que las nuevas generaciones den continuidad, esta vez de manera estable y permanente, a los esfuerzos que hicieron los pioneros del cine panameño.